Mindfulness, meditación científica, qué es y para qué sirve

Ofrece herramientas para ser más felices, aumentar los niveles de bienestar y bajar el estrés. La práctica constante del mindfulness provoca cambios en el cerebro. Durante más de 40 años la medicina y la psicología han venido utilizando las técnicas de mindfulness como una forma de atender a problemáticas de salud específicas de algunas personas, entre las cuales el dolor crónico, el estrés, la ansiedad y algunos síntomas depresivos son los principales. Protocolos grupales y distintas intervenciones se han ido sumando para darle especificidad y efectividad a estas prácticas.

Pero otro uso fundamental del mindfulness como una práctica contemplativa en el mundo occidental es el del cultivo del bienestar a través del desarrollo de la atención concentrativa y de apertura, la aceptación, la ecuanimidad, mente de principiante y compasión. Hemos descubierto en estas tierras que el cuidado de la salud y el entrenamiento sostenido de nuestro cerebro a través de la atención plena es un camino fructífero, y a eso la ciencia también lo está midiendo.

El programa MBSR

El programa de Jon Kabat-Zinn, con cuarenta años de experiencia en el mundo, es el tomado como referencia para las investigaciones científicas. Recordemos que el mindfulness es el único entrenamiento en meditación que tiene reportes más o menos robustos en el ámbito de la ciencia.

En el transcurso se va desarrollando el proceso sesión por sesión (son ocho en total) más la jornada intensiva de un día sábado, allí, personas más jóvenes o más grandes, mujeres y hombres solos, casados, profesionales o trabajadores sin título, se debaten con el que es el signo de nuestros tiempos: el estrés. E intentan, a partir de las herramientas que van incorporando, ser más felices, aumentar niveles de bienestar y de satisfacción en sus vidas.

De alguna manera van produciendo, con las prácticas guiadas en sus hogares y el cultivo de la atención plena en el día a día, lo que llamo “La revolución de la Mente”. Así la describo en algunas frases:

La revolución es silenciosa. Lenta, progresiva y constante. De adentro hacia afuera. Primero impacta en la mente, el cuerpo y el cerebro y luego en las demás personas y seres del universo.

La revolución es pacífica pero insidiosa. Duele pero sana. Silencia el alma pero la libera. La revolución no es exhibicionista pero todos la ven tarde o temprano.

La revolución es un proceso individual, aunque conmocione sistemas como la familia, el trabajo, el club. Y transforma el cerebro: estimula encendidos neuronales en algunas zonas e inhibe otros a partir de un simple acto cotidiano, estar conciente.

La revolución no tiene fecha de inicio. Está desde siempre latente, agazapada, a la espera de un despertar súbito. La chispa es una intención profunda de producir un cambio, de ser feliz.

Una vez iniciada, sacude los cimientos de nuestra personalidad, es un cambio de paradigma: nos hace sentir que hay algo que no va más y necesitamos derribarlo. Nuestras creencias, pensamientos y emociones se ven desafiadas por un anhelo de bienestar que empuja. Algo nuevo brota.

La revolución de la mente está en vos. Decidirte y tomar las herramientas es cuestión de un instante, pero utilizarlas para tallarte y darte forma como un ser humano completo es trabajo de toda la vida. (Mario Yrigoy)

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